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Historia


Comienza llamándose Valle del Chutunzo desde 1600. San Francisco del Monte de Oro ó Estancia La Rinconada, anterior a 1825.

Luego aparecería el agregado de Oro. Son tres las versiones sobre este nombre:

Metal aurífero en sus yacimientos y en Carolina, camino del oro.
La presencia de José de Oro quien dejará muy profunda huella, no solo por Sarmiento sino por su propio trabajo comunitario y apostolado, y sobretodo su gran labor humana. Aglutinó y formó el incipiente caserío dando base a la formación de un pueblo orgánico y con proyección de futuro.
Todo aquel que ingresa a San Francisco encontrará al mirar asombrado las lomadas que le sirven de majestuoso marco al valle, verdaderos montes de oro, la flor de la tusca, espinillo, breas que nos deleitan y perfuman, son sin lugar a dudas las que dieron origen a los Montes de Oro de San Francisco y con el tiempo San Francisco del Monte de Oro.

El 11 de septiembre de 1957 el Interventor Federal Don Horacio Raffo Quintana oficializa el nombre de San Francisco del Monte de Oro y es desde entonces que su denominación postal e institucional es así. Para evitar confusiones con otro San Francisco en Córdoba y Santa Fe, y que causaba serios perjuicios, en giros, sueldos y correspondencia oficial llegaba a Córdoba con el sabido trastorno para recuperarlo sobre todo cuando la Escuela Normal recibía planillas y sueldos directamente de Buenos Aires más de uno desesperó.

Génesis

El valle del Chutunzo, cuyo nombre deriva del apellido de Clara Chutún, esposa del cacique Lorenzo Colocasi dueño y señor de estas tierras y padre de Inés y Julián.

El señor de los montes y los cielos debió de elegir este suelo para sus hijos dialectos, los arroyos frescos y suaves corrientes, el árbol de la miel dulce llamado algarrobo, el chañar sabroso de espeso arropes, lechiguanas, al camoatí, el verde berro y la hermosa verdolaga siembras de Dios en las tierras del Chutunzo.

Todo aquí es paz y armonía, nada quiebra el pacifico pasar de un pueblo feliz.

A Colocasi, el dueño y señor, solo lo desvelaba un sueño, un sueño que repite y turba su semblante, en sus noches de insomnio entre sombras y resplandores de brillantes vestimentas un hombre cuyo semblante no es conocido y ni siquiera a sus dioses se parece, su rostro se cubre con dorado pelo, sus ojos le hablan de otra lengua.

Muy pronto este sueño se cristalizará, una tarde en que el sol dibujaba los cerros azules, el grito de los teros anunció una extraña presencia, un grupo de hombres con ropas brillantes y largos cuchillos montados en briosos y sudorosos caballos, elegantes y grandes caballos. Entre ellos los ojos del indio divisaron un rostro conocido, el huinca de aquel sueño.

Los visitantes, cinco en total miraban asombrados tanto esplendor y tal vez recordaron historias contadas: la del trapa landa o lin lin de la afiebrada mente de Francisco de Villagra.

El personaje en cuestión Hernando de Muñoz, capitán aguerrido debió de sentirse también en un sueño sin afanes, ni luchas, ni terrenas conquistas. El cielo estaba allí y unos ojos negros los de Inés Colocasi decían quédate, tu destino es este no tuerzas los destinos de la machi vieja.

Y el amor triunfo y el indómito capitán prefirió quedarse en este paraíso al lado de Inés. A pasado el tiempo es el año de dios, 1673.

En septiembre del mismo año los montes se visten de oro con sus doradas perlas, de retamos, tuscas, breas y espinillos cerca del Chutunzo, el paginar de carretas en el camino de arres de Chile a Córdoba marca profunda huellas.

En uno de esos tantos viajes y enamorado del paisaje, un hombre y su comitiva se separan de la tropa y se internan en el valle desde siempre a su regreso a Chile o San Juan soñó con este valle. Poseerlo paso hacer una obsesión, en las largas noches en que las carretas se quedaban en Bajada o en Pozo Bagual sus pensamientos retrocedían y al adentrarse en ese paradisíaco valle su imaginación volaba como si pretendiera abrazar aquel gran espacio, cubierto de arroyos, fragantes mentas y canoras aves, solía decirse: He caminado tanto y este es mi lugar, lugar de apacible gloria sin emplear mi espada, colmado mi anhelo, se llena mi alma de tanta belleza mi sed de conquista se atreva en las aguas mansas y mi espíritu se sacia en su cielo azul. Mi vida comienza recién desde aquí.

Solicita al gobernador Enriques de San Juan legalizar este sueño, permiso que es concedido un año después el 16 de abril de 1674.

El pedido decía: Se solicita permiso para tomar posesión y fundar un pueblo en un valle muy extenso llamado San Francisco del Monte de Oro de la Falda y que se extiende desde la Rinconada teniendo como cabecera el río Socoscora hasta los faldeos de la sierra y el río Quines al norte y el Pozo del Carril al noroeste.

En esta ocasión de toma de posesión deja como alcalde a don Jerónimo de Orozco.

Epilogo de esta breve historia, fueron muchos los hombres que siguieron aquel sueño premonitorio de Lorenzo Colocasi y sus inquietudes y desvelos fueron ciertos, la codicia ese fruto amargo que sin sembrándolo apareció como aquella manzana del pecado original. Arrancado del paraíso por los encomenderos, Lorenzo Colocasi su hijo Julián, Muñoz e Inés fueron llevados posiblemente a Tucumán de donde no regresarían jamás.

El capitán Domingo Sánchez Chaparro, que el 16 de abril de 1674 tomara posesión de estas tierras no pudo cumplir con sus sueños, muriendo dos años después, su viuda vende la Estancia "La Rinconada de San Francisco" a Don Pedro Escudero y Aldana. Esta concepción de estancia dio comienzo al actual San Francisco del Monte de Oro.

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